ABOUT

Nombre: Quetzal Prados Moreira.
Alias: Quetza.
Edad: 18 años.
Estatura: 1'81.
Pronombres: Masculinos.
FC: Akira Fudou (Devilman Crybaby).

THE CURSED CHILD

En una pequeña y pobre comunidad de México, Chiapas; Quetza fue traído al mundo un trágico 13 de octubre, y poco tardó en hacer su primera pésima impresión. Tan solo unos minutos después del parto, tanto su madre como su hermano gemelo fallecieron, quedándose él como el único superviviente bajo una solitaria luna llena y un supersticioso pueblo.

Cegado por el dolor y la furia, su padre se negó a cuidar del recién nacido, argumentando que estaba "maldito" y esa era únicamente la primera de muchas desgracias que traería a su vida. Abandonó la comunidad sin aviso alguno, y a falta de alguien más que estuviera dispuesto, su abuela materna se vio en la necesidad de ser quien lo criara, en una humilde choza donde pasaría gran parte de su niñez y adolescencia.

Su pueblo únicamente contaba con educación primaria y secundaria, y los primeros años escolares de Quetzal fueron suficientes para darle una demostración de lo que la vida tenía preparada para él. Entre las deterioradas calles se susurraba que allí vagaba un niño abandonado por Dios, y sus compañeros poco tardaron en seguir las advertencias y alejarse de su persona. Su niñez se basó en fracasar tanto en el estudio como en actividades sociales, tratar de apoyar a su abuela en las actividades del hogar, y frecuentar la capilla con esperanza de que el futuro tuviese algo bueno esperándolo.

En la secundaria, naturalmente, tampoco le fue mucho mejor. El niño maldito ya había llegado a un punto en que ni siquiera creía adecuado esforzarse, pues sin importar qué hiciera siempre estaría destinado a perder. Jamás había sido un niño brillante, y sus compañeros rehuían su compañía, ya fuese porque era un idiota o por la creencia de lo atraídos que estaban los males hacia él. La única disciplina en la que había logrado destacar un poco era en el dibujo, pero su abuela ya se había quedado parcialmente ciega, por lo que no tenía a nadie a quien mostrarle sus obras.

CITY RAT.

El fallecimiento de la mujer que lo había criado sólo fue otro pozo dónde zambullirse. Con 15 años, $100 a lo mucho y el dolor de la pérdida, Quetzal se dispuso a preguntar a todo el que se le cruzara cualquier información que podría llevarlo al paradero de su padre. Para su sorpresa, logró obtener una dirección en los adentros de la lejana ciudad, por lo que comenzó con un largo y tortuoso viaje a pie. Durmió en las calles y las caras nuevas temían que se tratase de un criminal, por lo que no le extrañó que no hubiera nadie para ayudarlo cada vez que se desmayaba por su precario estado.

Cuando por fin logró localizar al hombre, estaba de más decir que no fue bienvenido. Se encontró con que su padre había comenzado una nueva vida, y ahora tenía una esposa y otros hijos claramente menos vergonzosos que él. Después de numerosas súplicas y pleitos familiares, logró ser aceptado dentro de su morada a cambio de que trabajase para alivianar la carga que era. Le consiguieron un puesto en el centro de tatuajes donde trabajaba su hermanastro a tiempo parcial, y se alegró de que al menos se tratase de algo en lo que no era excepcionalmente mediocre. No continuaría sus estudios, pero estaba seguro de que incluso si lo hiciera no habría mucha diferencia por su nata inutilidad.

A pesar de nunca sentirse completamente bienvenido debido a los constantes recordatorios de su padre, fácilmente podría llamarla una de las épocas más felices de su vida una vez sus hermanastros comenzaban a acostumbrarse a él. Si bien nunca los acompañó cuando iban de vacaciones, y la abusiva jornada laboral le dejaba poco tiempo para pasar con su "familia", atesoraba pequeños momentos cuando podía olvidarse de su maldición por al menos cinco minutos.

NOMINACIÓN.

Algo a lo que acostumbraba era a que las cosas buenas no durasen mucho. Por ello, a nadie le sorprendería que una vez más la luz le fuese arrebatada.

Después de todo, su padre seguía rencoroso sobre su maldición, y se negaba a simplemente dejar que la tragedia que perseguía a aquel niño condenase al resto de sus hijos. Por ese motivo, cuando vio que su familia se estaba acostumbrando demasiado a tal destructora presencia, no lo pensó mucho antes de expulsarlo enviándolo al juego.

Extra

Sus hermanastros son tres: un chico de su misma edad y dos chicas de once años. Son gemelas.
Su abuela rezaba siempre nada más levantarse y antes de dormir. Quetza sigue este hábito con disciplina, ya que es lo único que le queda de ella. Además, teme un poco de que si se olvidase de hacerlo, Dios lo castigaría incluso más de lo que hace ahora.
Ya que la choza de su abuela no contaba con iluminación, desarrolló desde pequeño cierto miedo a la oscuridad.